Narciso Berberana

Crisis hídrica de Ciudad del Cabo vista desde Chile

22 de febrero 2018

Desde inicios de enero, Ciudad del Cabo, la hermosa urbe turística ubicada en la costa atlántica de Sudáfrica, ha comenzado a aparecer insistentemente en los principales noticieros del mundo, y poco a poco ha despertado interés de ciudadanos a miles de kilómetros de distancia, en Chile.

Desgraciadamente para quienes habitan la ciudad sudafricana, no se habla de ella por sus lindas playas o por haber obtenido algún triunfo deportivo, sino porque el 11 de mayo de 2018 se cortará el agua de la red domiciliara a sus cuatro millones de habitantes de manera indefinida. Las reservas de agua están agotadas y las construcciones para desalar agua de mar, atrasadas.

Esta fatídica fecha la han llamado “Día Cero”, jornada en la cual solo se abastecerá por red algunas horas a hospitales, escuelas y al centro cívico que alberga a la sede del Poder Legislativo del país. La gran mayoría de las personas deberán acudir con bidones a 200 puntos de abastecimiento en la vía pública, con una cuota máxima de 25 litros diarios por persona. Para hacerse una idea, en una ducha de cinco minutos se consumen 60 litros.

Como vemos, se trata de la mayor catástrofe hídrica que está azotando a una ciudad de grandes dimensiones en el mundo, producto de una sequía de cuatro años como consecuencia del cambio climático. Lo más probable es que este hecho marque la agenda del Día Mundial de Agua, el 22 de marzo próximo.

Los habitantes de Ciudad del Cabo han experimentado un racionamiento escalonado de agua desde enero, pero desde el 1 de febrero las restricciones de consumo se hicieron notar con más fuerza, cambiando la forma de vida de los capenses: pueden usar solo 50 litros de agua por persona desde la red, además tener prohibido llenar piscinas, lavar autos, regar jardines y todo aquello que suponga un uso que no sea el consumo humano de subsistencia.

La escasez de agua no es un invento de la ciencia ficción. Al contrario, está avalada por estudios que demuestran cómo el cambio climático está afectando al planeta en su conjunto, con menos disponibilidad de agua dulce.

Lo que ocurre en Sudáfrica debe llamarnos a la reflexión si en Chile estamos preparado para prevenir situaciones como quedarse sin agua de manera indefinida en décadas futuras, a la espera de lluvias y nieve que es posible que no lleguen o sean insuficientes.

En el caso de la Región Metropolitana de Santiago, los expertos estiman que en 2050, en solo 32 años más, la temperatura subirá más de dos grados en promedio, aumentando de 135 a 162 días las jornadas con temperaturas sobre 25 grados, y las precipitaciones disminuirán de 320 a 288 milímetros al año (*).

Son cambios que sin duda impactarán en la disponibilidad de agua cruda de la cuenca de Santiago para potabilizarla, pues se prevé que en la alta cordillera precipite cada vez menos nieve al subir la temperatura. Estas lluvias cálidas provocarán más episodios violentos de aumento en el caudal y turbiedad de los ríos Maipo y Mapocho, que son las principales fuentes de abastecimientos de la ciudad.

No podemos olvidar que desde el verano de 2013, Santiago ha vivido situaciones de fuerza mayor por crisis climatológicas en las que se ha debido interrumpir el abastecimiento de agua potable a la población.

¿Qué estamos haciendo al respecto?

En Aguas Andinas, comenzamos por reinventarnos como una empresa resiliente que asume este problema de manera prioritaria para enfocar nuestro trabajo en la continuidad de nuestros servicios a la ciudadanía, con una mirada y objetivos urgentes de corto y mediano plazo, pero también con un horizonte más lejano que nos permite saber hacia dónde nos encaminamos.

Creamos un Plan de Sequía y Cambio Climático 2016-2030 que incluye estudios científicos avanzados de proyección de las reservas de recursos hídricos e inversiones en grandes obras para aumentar las reservas propias en estanques de agua potable y agua cruda, además de la construcción de nuevas captaciones de agua subterránea con abatimiento de arsénico y nitritos.

Nueve estanques medianos de agua potable recién construidos entrarán en funcionamiento este 2018. En tanto que a siete kilómetros de la planta de producción de agua potable de Las Vizcachas, aguas arriba del río Maipo, en Pirque, estamos construyendo una gran reserva de agua cruda con una capacidad de 1.500 millones de litros, que estimamos comience a operar en 2019. La inversión total supera a los 100 millones de dólares.

Estas son obras estratégicas y necesarias para llegar a tener una autonomía de distribución y producción propia de agua embalsada de 34 horas, en caso que la naturaleza nos impida obtenerla directamente desde los ríos.

El otro frente de inversión es el Plan de Eficiencia Hidráulica 2015-2021, seis años en los cuales reduciremos las pérdidas de agua potable en la red de transporte y distribución, pasando de un 30 por ciento a un 20. Para hacerse una idea, la red de distribución de nuestra empresa tiene una extensión de 13.000 kilómetros, que equivale a siete veces ida y vuelta la distancia entre Santiago y Puerto Montt. La recuperación de esta agua perdida corresponde al consumo anual de un millón de personas, lo cual pone de relieve la importancia de este plan de eficiencia en la gestión de la red.

Al mismo tiempo, la coordinación con los responsables políticos de la ciudad es fundamental para unir fuerzas ante situaciones de emergencias. A fines del año pasado, suscribimos un convenio con el gobierno y 31 municipios para abastecer de agua potable de la mejor manera posible en caso de interrupción del servicio.

Hoy, la ciudad de Santiago ha triplicado la capacidad de su sistema de distribución alternativo de agua, que incluye 160 camiones aljibes y 531 puntos de distribución identificados para que la ciudadanía acuda en caso de emergencia.

Para Aguas Andinas, la transparencia y la información oportuna hacia las personas es clave en todo momento y, sobre todo, para situaciones de emergencia. Por eso, desde 2017, estamos entregando de manera sistemática, siguiendo un protocolo acordado con la Oficia Nacional de Emergencias (Onemi), tres tipos de alertas: verde, amarilla y roja, que corresponden al pronóstico climatológico en la alta cordillera.

Entre fines de 2017 y principios de 2018 solo hemos tenido alertas verdes preventivas informadas por nuestros canales en redes sociales (Twitter) y con la colaboración de los medios de comunicación. Hemos observado un efecto positivo que provocan estas alertas preventivas: la ciudadanía toma conciencia ante una amenaza que es real, que puede ocurrir en cualquier momento y para la cual debemos estar preparados.

¿Se puede acabar el agua en Santiago?

El tema de fondo para nuestra empresa es si existen posibilidades de que la Región Metropolitana pueda vivir una crisis de desabastecimiento crónico por falta de fuentes para captar agua, tal como hoy está ocurriendo en Ciudad del Cabo.

No hay que ser alarmista al considerar una respuesta, pero sí responsable, porque las decisiones que tomemos como sociedad en su conjunto, puede determinar la disponibilidad hídrica en las décadas futuras.

Las reservas de agua de la ciudad dependen directamente de la cantidad de nieve que alimenta a los glaciares de la Región Metropolitana. El aumento de las temperaturas producto del cambio climático produce dos efectos peligrosos: el derretimiento de los glaciares y precipitaciones de agua lluvia en vez de nieve en los macizos. En 2017, por ejemplo, hubo un 67 por ciento de déficit de nieve en la cordillera.

Para entender bien la realidad de nuestras reservas y fuentes de agua, tenemos que saber que la principal reserva de agua dulce de Santiago está contenida en el glaciar Echaurren, cuya dimensión es de 20 hectáreas. Lo preocupante es que cada año, desde la década de los ochenta, ha ido perdiendo su masa de hielo en razón de 12 metros por año. Los científicos estiman que podría desaparecer hacia 2050.

Este glaciar entrega agua a la acumulación natural más importante que tenemos: la Laguna Negra, con una capacidad de 600 millones de metros cúbicos. Lo impactante es que hoy posee un 41 por ciento de esa cifra.

La otra fuente que disponemos es el embalse artificial El Yeso, que se alimenta del río y glaciar del mismo nombre. Su estado actual es de 125 millones de metros cúbicos para una capacidad de 220 y un promedio histórico de 179. Es decir, este hermoso embalse presenta un déficit de 30 por ciento de su promedio.

Dejando meridianamente clara la delicada realidad de hoy en cuanto a reservas de agua, debemos saber que cada año necesitamos producir 783 millones de metros cúbicos de agua potable para satisfacer adecuadamente las necesidades de la ciudadanía en la Región Metropolitana. Esta cifra se aproxima a suma de las reservas completas de Laguna Negra y de El Yeso si estuvieran en su máxima capacidad.

Como empresa, este estrecho cruce entre lo que hay y lo que necesitamos nos lleva a ser realistas ante los efectos del cambio climático, además de transparentes y responsables con la población.

Cuando hablamos que tenemos que cuidar el agua no lo hacemos como si fuese una idea de moda, sino porque la amenaza es real y cada día cuenta. Se trata de un tema que involucra tanto a las empresas del ámbito sanitario, como a la industria productiva, la minería, agricultura, el sector público y la ciudadanía en general.

Hoy, en Santiago, el agua potable para consumo humano pareciera ser un recurso infinito y no lo es. Por ejemplo, grandes cantidades se utilizan con motivos tan diversos como el riego de parques y jardines. Sin duda esa agua debe ser limpia, pero no necesariamente potabilizada. La vegetación de ello no hace distingo.

Temperatura máxima en Santiago

Temperatura máxima en Santiago

La hora de las biofactorías

Las principales plantas de tratamiento de aguas servidas que operamos en Aguas Andinas, Mapocho-El Trebal y La Farfana, son verdaderos complejos industriales verdes que hemos denominado biofactorías. Gracias a estas verdaderas fábricas de vida, junto a otras de menor tamaño, podemos descontaminar el 100 por ciento de las aguas que usan los habitantes de Santiago.

Estamos hablando de una enorme cantidad de agua: 524 millones de metros cúbicos que se devuelven en su integridad al cauce del río Maipo en un año, lo que representa dos tercios del agua potable que producimos en ese mismo lapso.

Es en esta intersección donde salta a la vista la vinculación entre la depuración de las aguas servidas con la escasez hídrica.

Bien podríamos en un futuro de mediano plazo realizar las adecuaciones tecnológicas de punta a nivel mundial para volver a potabilizar esa agua e inyectarla otra vez en el sistema de distribución habitual con una calidad de excelencia para el consumo humano. Este desafío de marca mayor  estamos dispuestos a hacerlo pensando en el bien común.

En los hechos, esto significaría sumar una nueva fuente de abastecimientos de agua para Santiago y, a su vez, obtener de los ríos Maipo y Mapocho solo un tercio del agua que hoy recogemos para potabilizar.

El impacto positivo en las lagunas de reserva de la alta cordillera sería espectacular, manteniéndolas en plena capacidad de manera permanente, siempre a disposición para ser utilizada en caso de que se requiera.

Economía circular, parte del ciclo de la vida

Esta es la lógica que hay detrás de la evolución Aguas Andinas como empresa: dejamos de ser una compañía lineal, que saca, potabiliza, distribuye, descontamina y devuelve el agua al cauce de los ríos; para convertirnos en una “empresa circular” que toma el agua de la naturaleza, que la potabiliza, recoge el agua usada, la descontamina y la devuelve limpia a la misma naturaleza, creando valor a partir de lo que antes se consideraba un simple “desecho”. Producto del proceso de tratamiento de las aguas servidas se producen gases y lodos, de los cuales extraemos parte de la energía que usamos para funcionar y biosólidos ricos en nutrientes para uso en suelos agrícolas. Parte del gas es procesado para abastecer a unas 30 mil familias de Santiago. A fin de cuentas, queremos aprovechar todo y sin contaminar.

Ello explica nuestro interés en convertirnos una empresa de servicios ambientales, asegurando el agua para las futuras generaciones. Aguas Andinas se plantea su propia existencia y  funcionamiento como parte de un sistema de interrelación e interdependencia. Esta es la economía circular que, en vez de destruir, construye capital social, natural y económico.

Todos a cuidar el agua

No obstante, estos avances descritos no bastan para cuidar el agua que necesitamos para la vida de la ciudad. Lo que se requiere es el compromiso real de todos para logarlo. Se trata de algo sencillo de decir, pero difícil de hacer: asumir hoy conductas responsables con el uso del agua y educar a nuestros hijos desde muy pequeños para que cuando adultos sean personas conscientes de que se trata de un bien escaso que se puede acabar.

Las acciones que cada uno de nosotros podemos hacer en nuestra vida cotidiana son múltiples y todas ellas sumadas significarían un ahorro importante. Partiendo por una actitud responsable ante el buen uso del agua, pasando por arreglar una gotera en la casa, usar menos agua en el baño con duchas más cortas, encendiendo la lavadora con carga máxima o lavar el auto con una cubeta.

También es tarea de todos cambiar una tradición muy perjudicial como lo es la apertura ilegal de grifos, que pone en riesgo a la población al bajar las presiones en caso de incendios. Durante el verano, en Santiago se abren cada día 500 grifos de agua potable. Solo en una hora, se desperdicia el agua que dos familias consumen en todo un mes: 34.000 mil litros aproximadamente.

No podemos dejar de pensar que esta cantidad de agua perdida desde un solo grifo en solo una hora serviría para el consumo de 1.360 personas un día en Ciudad del Cabo a partir del “Día Cero” que, como dijimos, comenzará el próximo 11 de mayo.

Mi invitación es a que juntos generemos una consciencia hídrica permanente, valorando y cuidando el agua, como una tarea que es responsabilidad de todos, en todo momento y lugar.

En Aguas Andinas estamos apostamos decididamente por el bien común y asumimos este compromiso permanente con la ciudadanía, realizando todos los esfuerzos para asegurar el normal abastecimiento de agua potable a la ciudad e instando siempre a cuidar nuestra fuente de vida.

 

* Se utilizaron las proyecciones más específicas y actualizadas de Chile, correspondientes al Informe del Centro de Agricultura y Medio Ambiente (Agrimed) de la Universidad de Chile dado a conocer a fines de enero de 2018. Ver: “Proyectan hasta 30% menos de lluvia y alza de 2 °C para Chile en los próximos 35 años”.

http://www2.latercera.com/noticia/proyectan-30-menos-lluvia-alza-2-c-chile-los-proximos-35-anos/

http://www.agrimed.cl/contenido.asp?Id=9&Titulo=Atlas%20Agroclimatico%20de%20Chile

**Cifras de embalses y caudales: DGA. Boletín Información Pluviométrica, Fluviométrica, Estado de Embalses y Aguas Subterráneas (Nº 476 Diciembre 2017)

http://www.dga.cl/productosyservicios/informacionhidrologica/Informacin%20Mensual/Boletin_12%20diciembre_2017.pdf

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Tweets por @NBerberana

1 month ago
Felicitaciones @esteveclos @EAguaChile y cuantos ayudaron a cumplir este sueño. La capacitación, el reconocimiento de los profesionales. Un gran aporte! https://t.co/j3bzd6RxOR
3 months ago
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